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Femenidad y Feminismo en el Yoga Actual

posted by Patricia Sanagu 26 agosto, 2020 0 comments

Para mi Formación de Yoga para la Mujer, Embarazo y Postparto quise hacer una investigación para responder a una curiosidad. La mayoría de practicantes de yoga son mujeres y surge la pregunta ¿por qué las mujeres practican una forma de yoga desarrollada por hombres, solo para hombres?

El sello encontrado en el valle del Indo con un hombre sentado en la postura de loto es la primera referencia histórica del yoga. Pero hay muchos sellos y estatuillas similares que representan mujeres en posturas corporales rituales, y muchas de ellas mucho más antiguas. El erudito Ramesh Bjonnes escribe “… si hablamos de yoga como práctica, como tecnología espiritual, su origen es el Tantra prehistórico, no los Vedas… parece evidente que el yoga surgió del chamanismo en lugar de la tradición védica sacerdotal, como la mayoría de eruditos del yoga occidental  creen”. Y el antiguo Tantra prehistórico se remonta a las prácticas chamánicas centradas en la mujer de la prehistoria.

En la tradición tantrica se ha venerado siempre el principio femenino en igualdad al masculino. De hecho se sabe que la potencia mágica del Tantra fue transmitida por un linaje femenino llamado los Vratyas. No fueron un caso aislado. Los yoguinis taoístas de China y Dakinis del Tíbet también fueron poderosas maestras espirituales.

Algunas historiadoras argumentan que el concepto de Kundalini se originó en los «siddhis» femeninos (poderes yóguicos). Y que las prácticas se entremezclan con una especie de chamnismo yoguico en el que se veneraba el cuerpo a través del éxtasis y rituales orientados a la fertilidad, la menstruación, la sexualidad, el nacimiento natural y la menopausia.Estaban enfocados al beneficio y cuidado de toda la comunidad. Coinciden en que con el avance del patriarcado, las técnicas de éxtasis de las mujeres fueron gradualmente absorbidas por las prácticas más ascéticas de los hombres. En la meditación sentada, lo trascendente no se buscaba a través del cuerpo, sino a través de las prácticas de la mente.

Es cierto que la presencia de la mujer ha sido importante en algunos momentos de la historia, con Madame Blavatsky, Mirra Alfassa o Indra Devi, por ejemplo, si bien ha pasado más desapercibida en su conjunto. Nos encontramos pues ante una paradoja: hay un elevado porcentaje de practicantes femeninas (yoguinis), pero el yoga que la mayoría conoce bebe fundamentalmente de fuentes masculinas.

¿Cómo incluir la feminidad en nuestra sadhana diaria?, ¿cómo vislumbrar un Yoga diferente que recupere, que subraye, que traiga a la luz, la esencia de la mujer. Un Yoga que vuelva a equilibrar las fuerzas que ponen en marcha este universo.

El cuerpo y las energías de la mujer, lógicamente, deben tratarse y regularse teniendo en cuenta otras consideraciones que el Yoga tradicionalmente no ha explorado ni elaborado. A principios del siglo XX se publicaron algunas conclusiones que el Instituto de Yoga de Bombai dirigido por Sri Yogendra (uno de los yoguis que más ayudó a divulgar el valor y la importancia del Yoga en nuestro tiempo) obtuvo después de muchos años de investigación académico-científica y de recopilación de datos clínicos y estadísticos sobre los beneficios del yoga. Sus estudios comparativos sobre la cultura física y mental relacionados con los valores del Yoga revelaban, claramente, que los âsanas y el prânâyâma no se podían aplicar uniformemente a hombres y mujeres y que los efectos fisioterapéuticos variaban notablemente. (Dr. Caycedo “La India de los Yoghis”).

No todas las posturas o los ejercicios de yoga que se rescatan actualmente sirven, compensan o estimulan el proceso de desarrollo de la mujer. La energía de la mujer se mueve desde otros planos y circula en direcciones algo diferentes a los hombres. Para una práctica equilibrada tendrían que tomar en consideración la forma “circular” y fluida de la energía femenina. Yoga es universal, pero puede y debe adaptarse a cada persona. Conocernos como mujeres primero y después como persona individual puede hacer que la practica se adapte completamente a ti como una expresión de tu naturaleza primordial.

Sin duda la práctica de yoga es un maravilloso camino para el reencuentro, el diálogo con uno mismo y mantener la conexión con la naturaleza instintiva. Y si la práctica de yoga conoce y se adapta a los ciclos y necesidades de la mujer en cada ciclo, a las energías latentes, puede ser una herramienta muy transformadora.

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