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Gravedad y Yoga

posted by Patricia Sanagu 17 febrero, 2020 0 comments

Podría hablarse mucho, muchísimo de esto. Es un tema fascinante, hay dos fuerzas que desde que nacemos operan en nosotros sin que, generalmente, le prestemos atención: la respiración y la gravedad. Ninguna de las dos existen en el vientre materno y son las primeras fuerzas a las que nos enfrentamos al nacer. Nuestro cuerpo, momento a momento, se encuentra equilibrándose para mantenerse en vertical contra la gravedad. La gravedad afecta a nuestra postura, nuestra postura afecta determinantemente nuestra respiración y nuestra respiración es un reflejo de cómo nos sentimos en el mundo. En #anusarayoga llamamos punto focal al lugar en el cuerpo desde donde se irradia energía orgánica o de extensión igualmente a través de la parte superior e inferior del cuerpo.

Cuando una asana se hace con conciencia y extensión desde un Punto Focal, toda la postura se siente más integrada y la extensión en la postura se distribuye más equitativamente por todo el cuerpo.
Como epicentro de una asana, el punto focal también es un centro de equilibrio que debe alinearse con el eje central o línea de gravedad, de lo contrario, la extensión no podrá conectar a tierra la postura, robándole sus cualidades de estabilidad, comodidad e integración. ‘Moverse desde el punto focal de una postura significa no solo encontrar el lugar donde se encuentran la energía muscular y orgánica, sino también encontrar el centro en relación con la gravedad’ dice D. Keller. Esto trae un mayor sentimiento de unión en la postura, conectando con el centro de gravedad, podemos sentirnos firmemente arraigados en el mundo. Este enraizamiento es elfundamento indispensable para todas las cualidades positivas del corazón que puede experimentar y expresar a través del yoga. Sin embargo, un psoas tenso puede hacer que nuestras caderas se muevan hacia delante de nuestro centro de gravedad, causando varios tipos de colapso e hiperextensión en nuestras articulaciones, así como desequilibrios que conducen a una sensación sutil de que estamos «sosteniendo la tierra», en lugar de que la tierra
nos sostiene.

El psoas puede hacer que nuestras caderas se muevan hacia delante de nuestro centro de gravedad, causando varios tipos de colapso e hiperextensión en nuestras articulaciones. Además debido a que conecta las piernas a la columna, el psoas también funciona como mediador entre el tronco y las piernas, y por lo tanto influye en tu sensación de arraigo en la tierra como en la manera en la que te mantienes erguido. sentimiento físico resultante de separación o alejarse de nuestra base puede conducir a un sentimiento emocional de separación y deriva, que es lo principal forma de «ignorancia» o avidya: el sentirnos separados.

Un ejercicio simple para realinear la pelvis, y psoas – con nuestro centro de gravedad, y por lo tanto encontrar nuestro verdadero Punto Focal, es esto:

1. Dobla las rodillas y mueve las caderas hacia atrás para que sientas más peso bajando por tus talones.
2. Imagina que tu coxis es muy pesado y está siendo arrastrado hacia abajo por la gravedad. No hagas ningún esfuerzo consciente para adaptar tus caderas, simplemente imagina tu coxis cayendo hacia abajo como si conectaras a una línea de plomada. Siente como tu columna se alarga suavemente hacia abajo a medida que las caderas se colocan sobre los pies.
3. Sigue imaginando que tu cóccix es pesado mientras estira las piernas. Sensación
cómo si hubiera un ascensor en tu vientre inferior que retrocede naturalmente hacia tu columna vertebral y hacia arriba, equilibrando el alargamiento hacia abajo del cóccix.

Pero además la proximidad entre psoas y diafragma compartiendo los pilares del diafragma, implica un vínculo estrecho entre respiración y sensación de aplomo. la tensión del diafragma se extiende al músculo psoas que se contrae para flexionar la cadera y te desconecta de tus pies, del suelo y de tu seguridad. Así que para realinear tu caderas y suavizar el psoas será imprescindible conectar con el tercer pilar imprescindible, la respiración. Realinear os con nuestra línea de gravedad hace que el cuerpo no gaste tanta energía en soportar el desequilibrio y le aporta estabilidad y comodidad.

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