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Las dos alas del profesor de yoga

posted by Patricia Sanagu 2 noviembre, 2019 0 comments
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Para que un profesor de yoga vuele de manera estable y suave necesita dos alas, la practicar personal y enseñar de manera regular. Enseñar desde la observación, la humildad y un profundo deseo de servir, esto es, sin ego. La práctica personal es el verdadero soporte de la enseñanza, el laboratorio creativo, pero luego las clases son el campo de batalla donde la experiencia de la práctica personal se convierte en conocimiento al pasar de ser algo que funciona en lo personal, a ver como se puede adaptar a diferentes formas, una por cada practicante.


Llevaba ya año y medio, la edad de mi hijo, sin dar clases regulares, después de este primer mes en Balance Yoga Fuengirola, agradezco infinitamente a cada una de esas personas que llegan con una sonrisa y desenrrollan su esterilla en la sala. Agradezco el espacio y la oportunidad de poder seguir profundizando en el yoga, abriéndome a las múltiples posibilidades de adaptarlo a cada una de las personas que llegan. El yoga es infinito, poderoso, adaptable, preciso, inspirador. Una de mis máximas como guía es darle al estudiante autonomía, mostrarle las opciones y el camino para que sepan cuando modificar, cuando utilizar cada adaptación, que conozcan la progresión hacia cada postura, que no compitan, que no fuercen, sino que escuchen, observen y se pregunten ¿qué necesito hoy? El verdadero objetivo es abrir espacio, encontrar el equilibrio entre la fuerza y la flexibilidad, acceder al espacio del corazón y establecerse ahí lleno de entusiasmo. En verdad, el servicio de enseñar yoga es un privilegio divino, ¡cada alumno es un regalo! 

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