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La Actitud del Observador

posted by Patricia Sanagu 26 octubre, 2018 0 comments
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Puedo pasarme horas observando a mi pequeño, está en una fase que quiere ver todo alrededor, que se descubre a si mismo al mismo tiempo que las cosas y las personas que lo rodean. Es un momento precioso en el que pone una sonrisa a todo. Y yo me convierto en su “observador” al tiempo que reflexiono sobre lo difícil que es “dejar ser”:

Estamos acostumbrados a objetivos, a alcanzar metas, a llegar rápido y por el camino más corto. Nos empujamos a nosotros mismo a llegar antes, alcanzar éxito profesional, viajar más, tener mas, hacer cosas interesantes. Pero también empujamos a nuestros hijos a cumplir los objetivos: sacar buenas notas, hablar idiomas, no tener berrinches, ser mas educados, más perfectos.

Somos una sociedad intervencionista, intervenimos en la naturaleza, en el curso de los ríos, en los bosques, en el equilibrio animal y vegetal. Intervenimos en algo tan poderoso y a la vez tan instintivo y natural como es un parto, en el milagro de traer una vida a este mundo. Por supuesto intervenimos en la crianza. ¡Qué difícil resulta simplemente acompañar!.

Cuando practicamos yoga o meditación nuestra máxima es también no intervenir, no intervenir en el fluir de la respiración, no intervenir en el flujo de pensamiento, mantener el movimiento libre. Confiar, entregarse a un conocimiento más intuitivo, más natural. Observar y acompañar sin forzar puede ser el camino más largo y difícil pero merece la pena: podemos forzar a los bebes a mantener la postura sentado sin estar preparado, o tomarle de las manos para “enseñarle” a andar, o podemos dejar que descubra por sí mismo cómo darse la vuelta, rodar, reptar y experimentar el peso en sus caderas. Llegar al objetivo por el camino de la experimentación le regalará un conocimiento muy poderoso sobre si mismo. Cuando practicamos yoga, pasa algo parecido, entrenamos posturas sin haber recorrido el camino para llegar a ellas de manera natural a través de la práctica, no nos damos espacio para observar, para acompañarnos. Nos acostumbramos a los mismo movimientos, a las mismas secuencias.

Por eso soy una defensora de la auto práctica. Ir a clase esta bien y es necesario, marca unas pautas, unas reglas, te proporciona un mapa y regularmente te redirige adecuadamente para que no te desvíes. Pero el otro ala que permite al pájaro volar es la auto práctica donde se crea el arte, donde se dispone el espacio de experimentación y escucha, donde el movimiento muestra nuevas posibilidades, donde se expande el potencial. Y ahí es donde el observador aparece para descubrirse a sí mismo en un acto espontáneo de despliegue de su radiante naturaleza. Yoga no existe si no hay observación, si no hay contemplación, si no hay meditación. Pero, ¿cómo cultivamos esta cualidad?

La observación hacia mi bebe y sus aventuras no podrían darse si no me hubiera acostumbrado a vivir en su espacio-tiempo, a conocer su ritmo, a vivir más lento sin culpabilidad por no estar haciendo “cosas productivas”, sin dejarme atrapar por la protesta de la mente. Vivir con él y adaptarme a él me da el regalo de poder observarle y aprender con el y de el y de estar exactamente aquí y ahora. Los bebes y los niños se toman su tiempo. La naturaleza se toma su tiempo. Es el hombre quien quiere conquistar el tiempo.

La meditación mindfulness o atención plena es justo esto, convertirse en espectador, aprender a presenciar. Presenciar significa una observación desapegada, sin prejuicio y amorosa.

Para que meditar forme parte del día a día, cultiva esta actitud:

➡️Hay que aprende a parar. Quizás poner una alarma en el móvil que recuerde conectar con la respiración y darnos un momento para ser y no hacer. O aprovechar el semáforo, el atasco o la espera en la cola del super para quebrar el ritmo frenético que llevamos en lugar de desesperarnos y asi, recuperar un ritmo pausado.

➡️Aprender a simplemente observar. Cada mañana al despertar proponerse y decidir reservar una hora a lo largo del día que no implique ningún resultado, es decir, que sea algo totalmente improductivo como por ejemplo, observar las olas del mar, a los niños jugando en el parque, a un bebé descubrirse, observar las ramas de los árboles movidas por el viento, observar los pensamientos, el ir y venir de la respiración cuando estamos relajados.
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