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Escuela de la Vida: Lección 1

posted by Patricia Sanagu 29 marzo, 2017 0 comments
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“Los errores no existen, solo las lecciones”
Me gusta definir aceptación como el no oponer resistencia a lo que ya es. Aceptar lo que es, alinearse con lo que está sucediendo en el instante nos hace cambiar la actitud y descubrir en la vida un lenguaje que nos ayuda a comprender y a crecer.

Todos los días tomamos decisiones, la mayoría sencillas y triviales, en ocasiones más trascendentales. Pero piensa un instante, si al momento de tomar una decisión, ya supieras que es un error.

Ahora piensa positivamente en todos aquellas decisiones “erróneas” que has cometido, y a dónde te han llevado.

En el momento en el que se decide y se actúa tomamos la mejor decisión a nuestro alcance en ese instante. Actuamos con todas las capacidades emocionales, intelectuales y espirituales de las que somos capaces. En lugar de decir “cometí un error”, deberíamos preguntarnos: “¿Qué me ha dejado esta experiencia como aprendizaje, ahora que dispongo de nueva información y de mayor experiencia?” Qué se ha revelado de mí propia naturaleza tras ésta experiencia.

En la tradición del shivaismo de cachemira, el universo es el resultado de una sacudida original o vibración primigenia. El universo late o vibra, es el mismo corazón de Shiva, Consciencia Absoluta, cuya característica primordial es swatantrya, la suprema libertad del Ser. Y porque es soberanamente libre, puede ocultarse, oscurecerse o negarse a sí mismo, y lo hace a través de su mayashakti, jugando un “juego del escondite” por el simple placer o gozo (ananda) de autodescubrirse. El reconocimiento prathyabijna o el impulso udyama subrayan el carácter puramente intuitivo de alcanzar la luminosidad de la conciencia.

La vida se mueve en un baile contínuo de mayashakti, y al ser parte de esa Conciencia Universal también tenemos sus mismas carácteristicas, la absoluta libertad y la capacidad de escondernos y autodescubrirnos a nosotros mismos. En los momentos de toma de decisiones no estamos más que jugando a ese juego divino del escondite, en el que, a través de las propias decisiones y las experiencias a las que nos llevan éstas, estamos descubriendo nuevas caras de nosotros mismos. Si la mente no habita en el presente, siempre habrá juicios sobre lo bueno o malo de esa toma de decisiones. Por el contrario, si aceptamos lo que es, ahora, y fluimos con ello, no hay decision-acción, error/acierto-reacción, sino simple y puramente el latido divino (spanda) y su juego de ocultamiento y revelación.

 

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