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Yoga Terapéutico Y Piés

posted by Patricia Sanagu 23 abril, 2016 0 comments
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¿Cuando fue la ultima vez que caminaste descalzo sobre la hierba fresca?

Hace poco me encontraba en la patagonia argentina, rodeada de la cordillera y sus picos nevados, de ríos y lagos, entre caballos, amigos argentinos, niños llenos de energía y perros que ya son parte de la familia, todos alrededor de un asado criollo: descalzarme y correr como una niña sintiendo mis pies en la tierra y rodeada de aquella majestuosidad de la naturaleza me hizo sentirme tan libre y salvaje como hacía mucho tiempo que no sentía.

Recordando esa sensación, comprendo porqué siempre me saco los zapatos al llegar a casa, es como una liberación. No me siento en casa hasta que no hago esto, no me siento relajada en mi. Es como si hasta que me descalzo no me sintiera en la calidez del hogar, en conexión conmigo misma, no me diera permiso para descansar.

Nuestro pies nos conectan con la calidez de la tierra, nos devuelven a la naturaleza y nos transmiten sensaciones de equilibrio y bienestar. Esta forma de tomar contacto con el mundo nos hace frenar la mente y concentrarnos en obtener buenas sensaciones durante el instante presente que estamos viviendo. Es una sensación hermosa y una costumbre que no deberíamos perder, dejemos que nuestros hijos caminen descalzos y se ensucien sus pies, caminemos por la playa sintiendo el frescor de la arena mojada por el mar, deja que tus pies vuelvan a sentirse libres después de estar encorsetados en incómodos zapatos toda una jornada. Liberar los pies, tomar conciencia de como pisamos, de como caminamos, de como todo nuestro cuerpo se asientan sobre ellos, es como tomar conciencia de lo primigenio en nosotros, estamos vivos, estamos aquí, sobre la tierra y la tierra nos sostiene, nos acoge, nos proyecta hacia el cielo.Caminar descalzo saca en nosotros una sonrisa, crea espacio en nuestro interior, es belleza, es un acto de vida.

Tenemos pies aprisionados, condenados a vivir antinaturalmente, a no respirar, metidos por 12 horas en su prisión pret a porter. La vida contemporánea sólo relaciona el sentido del tacto con las manos, nunca con los pies que parecen más bien una extensión del zapato. Los metemos y los sacamos en bloque, se nos olvida que al igual que las manos tienen dedos que sienten y se mueven. Las plantas de los pies son nuestras raíces, el Yoga nos hace una invitación abierta a reconectarlos con la tierra.

Cuando voy a comenzar mi práctica y coloco los pies sobre la esterilla, el tiempo se detiene, es un acto de presencia y de profunda conexión con ese momento. Cada movimiento, cada transición, cada asana nace siempre sintiendo la conexión con la tierra y estabilidad de mis pies.

LA IMPORTANCIA DE LA PISADA

En la lectura corporal que hacemos en las clases de yoga terapéutico, observamos con detenimiento hacia dónde se orientan los pies, la longitud de los dedos, su forma, fuerza o debilidad. Nuestro pies son los que marcan el sentido de nuestra vida. Allí dónde tus pies apuntan, es dónde te diriges. Si tienes conflictos con la vida que estás llevando, los dedos de los pies te lo harán notar.

Además la posición de los pies guía a las rodillas y a las caderas, por lo tanto, tienen un papel fundamental en la alineación de todo el cuerpo. Es fundamental “pisar bien” repartiendo el peso de forma equilibrada entre las “cuatro esquinas”: la base del dedo gordo, talón interior, la base del dedo meñique y talón exterior. La línea del segundo dedo en línea con el tobillo y paralelas entre sí las de ambos pies.

Siente el latido de la tierra cuando conectas la planta de tu pie consciente en el suelo. Existe una descarga de energía de tu cuerpo al exhalar, un abandono, un suspiro y al mismo tiempo, al inhalar la tierra nos sostiene y aporta su fuerza de presencia.

Fíjate que cuando hablamos de las cuatro esquinas de los pies, no estamos incluyendo los dedos, de hecho, en un buen apoyo de la planta podrías levantar los dedos del suelo. Levantar los dedos, bien abiertos y extendidos activa además la musculatura de tus piernas.
Pies firmes sobre la tierra, pero también flexibles. Deja que exista ese intercambio, que tu pelvis suelte la tensión acumulada en la espalda a través de las piernas y de la planta de los pies hacia el suelo.

Pero, que ocurre si tu pie no tiene o ha perdido su forma anatómica natural:

PIES PLANOS

Toda curva o arco en nuestro cuerpo es un amortiguador natural que sirve para liberar tensión de la columna y no sobrecargar los músculos ni los discos intervertebrales.
Los arcos de los pies, son el primer muelle que amortigua la percusión que recibe el cuerpo al andar, saltar, correr.

Los pies planos ocurren debido a que los tejidos que sostienen las articulaciones en el pie (llamados tendones) están flojos.
A medida que los niños crecen, los tejidos se tensan y forman arco, lo cual tiene lugar cuando el niño tiene 2 o 3 años de edad. La mayoría de las personas tienen arcos normales cuando son adultas. Sin embargo, es posible que en algunas personas este arco nunca se forme.
El envejecimiento, las lesiones o una enfermedad pueden causar daño a los tendones y provocar que se desarrolle pie plano en una persona a quien ya se le han formado los arcos.

La mayoría de los pies planos no causan dolor u otros problemas por si mismos, pero sí pueden acarrear molestias en otras zonas debido a esa falta de amortiguación que provoca la falta de arco. Puede ocurrir en tobillos, parte inferior de la piernas, rodillas o zona lumbar tras períodos prolongados estando de pie o practicando determinados deportes.

Todos tenemos diferentes formas en los pies, sin embargo si una persona llega a la clínica de fisioterapia porque le duele la espalda o cualquier otra zona y muestra un pie plano, al profesor de yoga terapéutico colaborador le está mostrando claramente cómo empezar el trabajo que tenemos que hacer. Y uno de los principios que utilizaremos es crear energía muscular desde las cuatro esquinas de los pies hacia la pelvis para elevar el arco interno de ambos pies. Tomando conciencia de este principio y el efecto que produce en la planta de nuestro pie y el reflejo en otras zonas del cuerpo como la pelvis y zona baja de la espalda a través de diferentes posturas/asanas de yoga vamos estimulando el trabajo de esos tendones vagos o cansados y recordamos a nuestra psique la importancia de la contención.

PIES CAVO O ARCO PLANTAR ALTO

Al contrario que los llamados pies planos, se denominan pies cavos, a aquellos cuya altura del arco plantar es superior a la que mostrarían unos pies normales. Esto provoca que la superficie de apoyo del pie sea mucho menor, cargando todo el peso corporal en las zonas anterior y posterior del pie. Las personas afectadas de pie cavo son más inestables en su caminar, precisamente por tener una menor superficie de apoyo en el suelo. Por eso tienden a padecer más esguinces de tobillo, además de presentar una mayor tendencia a desarrollar patologías, como la fascitis plantar.

La elevación exagerada de la bóveda plantar y la excesiva convexidad del pie suelen acompañarse del acortamiento de los potentes músculos de los dedos, lo que acaba por generar los llamados dedos en garra. y callosidades en el antepié.

¿Cómo trabajamos esto con yoga terapéutico? El principio que utilizamos es el contrario al caso de los pies planos. Queremos suavizar y relajar la musculatura del arco, por ello haremos incapié en la energía orgánica de estiramiento desde el punto focal de la pelvis hacia las cuatro esquinas de los pies enraizando en la tierra. Y en mi manera de trabajar las posturas de yoga se combinan con técnicas de masaje tradicional tailandés para pies y pantorrillas que soltaran, relajaran y flexibilizara toda esa musculatura. A nivel de la psique trabajamos la aceptación de la realidad presente a través de técnicas de mindfulness o atención plena.

MASAJE DE YOGA TAILANDÉS EN PIÉS

El masaje de pies, en combinación con la reflexología es un dulce arte, al mismo tiempo que una fascinante ciencia extremadamente efectiva.
Es un ciencia porque está basada en estudios psicológicos y neurológicos que verifican sus beneficios y es un arte porque depende mucho de cómo el practicante aplique sus aptitudes y conocimientos y de la dinámica que surja entre dador y tomador.

La reflexología podal tailandesa es un técnica holística que tiene tiene sus raíces en el antiguo Egipto, India y China. El término holístico deriva de la palabra griega holos, que significa “entero, por completo” -y pretende  tratar al individuo como un todo compuesto por mente, cuerpo y espíritu interrelacionados entre sí.

El masaje de pies tailandés no trata los síntomas de la enfermedad por separado, no trabaja específicamente sobre un problema, un órgano o un sistema, pero induce a la persona a un estado de equilibrio y armonía que hace que el propio cuerpo mantenga ajustadas sus capacidades de autosanación.

Esto se relaciona a lo comentado anteriormente sobre cómo los pies y su salud afecta al bienestar de todo nuestro cuerpo, no sólo físico sino mental y emocional.
Conocer la tendencia de nuestros pies y establecer un cuidado diario adaptado a las necesidades de esas tendencias naturales o adquiridas, mejorarán no sólo las molestias inmediatas físicas (también en tobillos y pantorrillas) sino también contribuirá al estado general de nuestro cuerpo y psique.

Como he mencionado anteriormente, tomar conciencia de los pies, estableciendo un cuidado diario hacia ellos, tomando conciencia de la pisada, de nuestra manera de caminar, nos dice mucho sobre cómo nos plantamos ante nuestra vida y como la estamos viviendo. De esta forma, el cuidado sobre los pies implica un cuidado y una toma de conciencia sobre: “de qué manera nos estamos plantando en nuestra vida”. Su cuidado puede introducir cambios importantes en nuestros patrones mentales “de dónde venimos, dónde nos encontramos y hacia dónde queremos ir”.

Como dice Thich Nhat Hanh: “Camina, como si besaras la tierra bajo tus pies”

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